¿Qué he hecho para merecer esto?

Mi vida está llena de claroscuros, y he vivido de todo a mis cincuenta… el día de ayer fue uno de los días más emocionantes de mi vida, y es que todo lo que tiene que ver con mis hijos, me lleva a experimentar  sentimientos intensos.

Ayer concluyó su maestría mi hijo Juan Pablo, con excelentes calificaciones y con la satisfacción de haberse pagado la mayoría de sus estudios, me siento tan feliz, orgullosa y agradecida por ser testigo de un logro más en su vida.

Estoy consciente que en los asuntos de mis hijos yo no tengo un decir, y que siempre han sido capaces de tomar sus propias decisiones y de elegir libremente lo que desean para su vida. Mientras fueron niños mis hijos, ahora adultos, hice lo mejor que pude para darles la mejor educación y tomé muchas decisiones por ellos sin tomarlos en cuenta. Como acostarlos y levantarlos temprano, traerlos con el cabello súper corto, los obligué a bañarse aunque no quisieran, los llevé a la escuela puntualmente aunque no desearan ir, los presioné cada día a dar lo mejor de sí. Reconozco que muchas veces fui inflexible e intolerante con sus deseos, con sus peticiones y sus necesidades. Muchas veces los alejé de mi, experimente vacío y soledad y me sentí culpable de mis exigencias y malos modos. Por eso me pregunto: qué he hecho para merecer esto…

Ellos siguen siendo mi mundo, y también jugué y reí con ellos, disfruté cada etapa de sus vidas, aun lo hago a la distancia o cuando me visitan. Les di tiempo de calidad, los escuché, conteste sus preguntas incómodas que me retaron a hacer cambios. Sigo dejando que su presencia impacte la mía, ellos me siguen educando. Desde que tengo sus miradas sobre mí decidí transformar aquello que me provocaba culpas y arrepentimientos en mi manera de educarlos y ser “ejemplo”, para dejar de imponerles mis expectativas y ser coherente.

Ha sido toda una aventura nada fácil pero si muy satisfactoria, empezar por mí y transformar mis posturas.   Así es que si quería respeto, empecé por honrarlos y respetarlos, por respetar a su papá, a mis padres, suegros y a mí misma. Reconozco que no siempre lo he conseguido y sigo esforzándome por lograrlo.

Hoy reflexiono acerca de los adultos en que se han convertido mis hijos y me siento agradecida y honrada de haber tenido el privilegio de haberlos cargado en mi vientre, verlos crecer y volar con sus propias alas. Supongo que sus logros son suyos y no puedo evitar sentir orgullo y satisfacción y me vuelvo a preguntar y qué fue lo que hice para merecer tanto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *