No quiero volver a ver a mi hija como antes…

¿Alguna vez deseaste que tu hijo/a fuera un estudiante de 10, un deportista olímpico, músico, artista, bailarina, tenista o futbolista profesional de la primera división o simplemente que llegará más lejos que tú?

¿Se te ha ocurrido que estas expectativas, tan validas para ti como padre o madre, te provocan en ocasiones dolores de cabeza? ¿Parece como que los papás hablamos un idioma y nuestros hijos otro? Quizá nuestros deseos internos y nuestras creencias de cómo deberían ser nuestros hijos impiden que nos comuniquemos con ellos, nosotros queremos que sean de cierta manera y ellos ya son únicos, hermosos, completos, con dones y talentos especiales. Quizá ignorar lo que ellos son y expresan, hace que se sientan como que no encajan, y muy probablemente en su afán de adaptarse a nuestras expectativas y darnos gusto, se alejan de su esencia. ¿Puedes ver cómo se esfuerzan? o por el contrario, quizá están desanimados o irritables, quizá creen que no lo pueden lograr y ya para qué esforzarse.

Está iniciando un nuevo ciclo escolar, después de un largo periodo de vacaciones mi hija adolescente continúa su educación secundaria, hemos estado muy emocionadas preparándonos y teniendo todo listo, uniformes, libros y cuadernos forrados… yo estoy preparándome mentalmente como mamá para no volver a verla como lo he hecho hasta ahora.

Y es que algunas veces me he enfocado en ver solamente lo que no quiero, que en ocasiones la imagen que tengo de ella no corresponde a lo que ella realmente es y no malinterpretes, la amo y deseo su felicidad y lo que sea mejor para ella. Deseo que sea más segura, menos tímida, llena de amigas. Que sea ella la que ayuda y apoya a sus compañeros con las tareas y no al revés. Que participe en los torneos deportivos, que le guste cantar y declamar. Y que además, me platique más sobre lo que le sucede y los sentimientos que experimenta cada día. Y francamente, si yo no la acepto al cien, cómo va a confiar en mí.

Para este nuevo ciclo escolar, mi intención es poner atención a mis juicios y opiniones acerca de ella, apreciarla, escucharla y observar con amor incondicional lo que le gusta hacer, ser curiosa por sus gustos, por la música que le gusta escuchar, conocer a sus amigas. Reconozco que mi falta de aceptación a su timidez afecta la relación que ella y yo tenemos, de pronto se ve juzgada por mi y es que ella nota (intuye) y actúa como si hubiera algo malo con su forma de ser y entonces parece que se vuelve más tímida e insegura ante mis ojos.

A partir de hoy me dispongo a observarla con agradecimiento por la dicha que experimento de ser su mamá. Valorar su forma de estar en el mundo, si a ella le agrada ser reservada, quizá yo deba aprender más sobre su manera de expresarse y dejarme iluminar por ella.

Nuestros hijos son mucho más que ese molde que nos inventamos y que limita nuestra relación con ellos. Son seres hermosos que tienen una misión que cumplir en este planeta y en nuestro hogar, dejémonos influenciar por ellos. Y seamos esa guía amorosa que necesitan, seamos ese ejemplo que arrasa con hechos y no con palabras. Veamos a nuestros hijos sin expectativas y abracemos todo lo que ellos son. Tenemos el poder de transformar nuestra relación con ellos y construir los puentes necesarios para comunicarnos y disfrutar del breve tiempo que viven en casa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *