La queja te aleja de tu presencia

Reconozco que muchas veces ni siquiera caigo en cuenta de las veces que me quejo en un día. Y es que parece un hábito del que no presto atención, es como tener el aire acondicionado prendido y darme cuenta de que había un sonido hasta que lo apago.

Un día decidí observarme y poner atención de las cosas de las que me quejo por costumbre, y vaya sorpresa, me di cuenta de que la queja me aleja de la belleza de la vida, de la perfección de cada momento así como es y de agradecer lo que hay en mi vida como la vida misma; la salud, las personas que amo y que me aman y con las que me relaciono; las bendiciones que siempre llegan y que en ocasiones por enfocarme en la queja ni siquiera las reconozco.

Desde que abrí los ojos y vi que eran las 4 de la mañana empecé con la queja y me dije: “No, por favor. Aguántate las ganas de ir al baño”. Y adivinaste, me quejé de mi vejiga y cuando regresé a la cama escuché el tren y a los perros ladrar. Me volví a quejar del ruido que me impedían conciliar el sueño. Cuando sonó el despertador dije: “Un ratito más” y me negué a levantarme y por atrasarme empecé a quejarme del tiempo, de lo tarde que era, del clima y hasta de los conductores lentos. Quizá contarte todo mi día te aburriría.

Lo cierto es que noté quejas más profundas que me impiden disfrutar la vida maravillosa que tengo. Me di cuenta en el espejo que me he quejado de mi cuerpo más de lo que debería; veo mis manchas y arrugas en la cara, las pocas canas que tengo, criticando cada parte de mi cuerpo, en lugar de agradecer la maravilla de la salud y de la vida misma. Otras veces me he quejado cuando he pagado algo que necesito. Me he visto inquieta por pensar en lo caro que están las cosas o de que el dinero no alcanza.

Observo que las conversaciones que tenemos a diario en nuestro interior, con los demás, los amigos o la familia, lo que leemos en las redes sociales, o comentamos con los compañeros de trabajo son quejas que manejan nuestros sentimientos. Cuando te quejes de algo o de alguien, Etkhart Tolle te aconseja hacer cualquiera de estas tres opciones: cambiarlo, aceptarlo o alejarte. Quizá sea más productivo tomar una decisión consciente de la diferencia que haría en tu vida elegir una de las opciones anteriores que continuar con la queja.

Mi intención diaria es ser feliz. Con relación a mi cuerpo, elegí aceptar con amor mi edad (este mes cumplo 50) y cambiar algunos hábitos como hacer yoga y cuidar mi alimentación. Con relación al dinero, me enfoco en cambiar mis pensamientos acerca de mi relación con el dinero, buscando la claridad que me brinda mi coach. Acepto que las cosas tienen un valor monetario y agradezco mi trabajo, y que siempre tengo lo que quiero y necesito con facilidad.

He dejado de participar en las quejas colectivas promoviendo conversaciones que me llenan de inspiración, me he alejado de personas que hablan chismes o de las que se quejan sobre lo que sucede en el mundo, nuestro país y nuestra ciudad.

Me sigo quejando, no lo niego, y en cuanto me cacho, elijo lo que se requiere, o lo cambio, o lo acepto o me alejo.

 

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